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Muere Andrés Henestrosa
Hoy es día de celebrar, porque no se puede lamentar la muerte de un hombre que vivió para regalar a través de su personaje público, la encomienda de enarbolar la figura de Oaxaca, sus etnias, sus costumbres, sus tradiciones y sus diferentes lenguas.
Conocí a Don Andrés en una vela, honroso momento para mi cuando su amable hija Cibeles, me diò el sí, para acercarme y tener una breve entrevista. Encendí tímidamente mi grabadora, el sonrío de lado: “acaso conozco a tu abuela”, me preguntó, es que te pareces a una de las mujeres que me han acompañado… yo simplemente me desarmé.
Entonces estaba rodeado de papeles de colores, banderas se agitaban por la brisa del mar, y su sonrisa de tan sincera parecía tan infantil, que me conmovió hasta sonrojar. Era un caballero muy coqueto.
Además de tomar mi mano, y preguntarme si él había conocido a mi abuela, me confesó que ya no escuchaba bien, pero que le habían invitado a Huatulco, que esta vela era en su honor. De este encuentro afortunado han pasado ya más de cinco años. Luego en el 2005, vino nuevamente a esta tierra costeña, a descansar me aseguró, de vez en vez se daba sus baños de mar en este Huatulco que según dijo, le maravillaba.
Hoy descansa ya el cuerpo del maestro Andrés Henestrosa que en su sin igual entrega, también tuvo a bien darse tanto y a tantos, que hasta a mi, llegó el honor de tomarse el tiempo para concederme el placer de entrevistarle, no una sino, en dos ocasiones.
De esa segunda entrevista, transcrita ya en este y otros medios impresos, me queda el gozo pleno de encontrarme con un hombre que a su centena de años, le brillaban los ojos como si tuviera vida y energía plena. Luego de aquella charla, en donde incansable e impasible estaba siempre su amada hija Cibeles, supe de los afanes de un hombre que vivió intensamente y esperaba en su corazón llegar a vivir muchos años más.
Sin embargo, ese tiempo se acortó, y acompañado de la única mujer que le faltaba por seducir, el maestro Andrés Henestrosa Morales, finalmente tuvo su cita con “la muerte”, ya que durante muchos años confesó que ese encuentro le aterraba, de hecho, aseguró que se le escondía para que no le pudiera encontrar.
Sin embargo, como sucede en todo encuentro épico, de manera inevitable, el pasado 10 de enero, finalmente se entregó a ella. Este último personaje femenino que marco la vida de Henestrosa, fue al unísono su ángel y su condena, porque no hubo una noche en vida que no pasara pensando en no dormir por temor a nunca despertar, jamás.
Generosamente, luego de 101 años de vida, y después de enfrentar la agonía de una enfermedad respiratoria, cerro sus ojos a la noche eterna, aquella noche que de tan larga, tan poco anhelada, tan temida, finalmente llegó, de la mano de su eterna compañera.
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